Resulta inquietante descubrir lo tremendamente inseguro de nuestras vidas. Damos por supuesto que obramos bien, siempre que nuestras intenciones sean honestas y que contemos con la aprobación de los demás. Cuando en 1.983 el miembro de la organización GMSMA (Gay male S/M Activists) David Stein acuñó la frase “Safe, Sane and Consensual” para intentar delimitar la frontera entre lo que podía o no considerarse aceptable en la práctica del BDSM, no sospechaba que este sencillo eslógan, basado en una recomendación popular para jugar con petardos en la fiesta nacional del 4 de Julio se convertiría casi en la declaración universal de derechos fundamentales entre los practicantes BDSM.
Seguro, Sensato y Consensuado es la bandera en la que casi todos se envuelven al echar mano de látigos, agujas, velas encendidas, cuerdas, cadenas, cuchillos, y demás instrumentos de agresión y tortura con el fin de golpear, atravesar, quemar, suspender en posturas más o menos penosas, mantener prisioneros, e incluso hacer manar sangre a sus seres más o menos queridos en nombre del amor, o al menos, de la inviolable libertad sexual de la que disfrutamos en países avanzados como el nuestro.
El editor de la revista Sumissa José Luis Carranco, personaje respetado del mundo BDSM y autor de libro titulado “Las Reglas del Juego: El manual de BDSM”, declaraba en una entrevista en el número 12 de la revista Cuadernos BDSM: “Las prácticas sexuales son totalmente libres en nuestro país, sean del color que sean, incluyendo el BDSM. No cometes ningún delito, es de lo más normal, así lo vivo y lo he vivido siempre.”
En el año 1990 en el Reino Unido, país donde existe una tradición BDSM varios órdenes de magnitud superior a la española, 16 gays que sin duda pensaban lo mismo que Carranco fueron condenados a penas de hasta cuatro años y medio de prisión por agresión con violencia en base a unos videos domésticos en los que se les veia realizar diversas prácticas BDSM. Los videos fueron encontrados por la policía durante una investigación rutinaria sobre un asunto sin ninguna relación con ellos, y eran para uso exclusivamente privado, pero a pesar de eso se llevó a cabo una investigación que sería conocida como Operación Spanner, que concluyó con la detención y procesamiento de todos ellos.
Durante el proceso hubo múltiples testimonios de practicantes de BDSM de ambos sexos en los que se dejó suficientemente claro que los hechos habían sido plenamente consensuados, y que constituian prácticas habituales en la comunidad BDSM. A pesar de ello fueron condenados.
Hasta aquí esto no pasaría de ser una inquietante anécdota sobre lo que pasa en el extranjero si no fuera porque tres de los condenados en el caso Spanner consiguieron llevar sus recursos hasta el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, el cual dió la razón a los tribunales británicos.
(…) “El Estado tiene el derecho incuestionable de regular mediante la ley penal la inflicción de daño físico -la determinación del daño físico aceptable cuando la víctima consiente es un asunto exclusivo del Estado afectado).
El Tribunal no ha sido persuadido de que la conducta de los apelantes pertenezca a la moral privada y esté excluida de la intervención del Estado -es evidente por los hechos que las actividades incluian un grado significativo de lesiones y heridas – Las autoridades del Estado tenían derecho a considerar no sólo el daño real sino el daño potencial inherente en las actividades (…)”
(…) La autoridades nacionales tienen derecho a considerar un interferencia “necesaria en una sociedad democrática” para la protección de la salud. (…)
Así que en Europa el consentimiento en caso de actividades potencialmente peligrosas o dañinas es un asunto de los Estados miembros, y no pertenece a la esfera de lo privado, como cree el editor sevillano, sino de lo público.
En realidad no hace falta ir hasta el caso Spanner para comprobar eso, porque ocurre que en casi todos los países civilizados, incluido España, la violencia consentida es ilegal. Eso incluye los duelos, el suicidio asistido, las peleas clandestinas…y buena parte de las prácticas BDSM en las que, subjetivamente, se alcance un nivel de violencia que no se pueda justificar como parte de unas relaciones sexuales más o menos entusiastas.
En casi todas partes el uso de la violencia es monopolio exclusivo del Estado, que sólo consiente su uso a los ciudadanos en casos excepcionales, por motivos usualmente de “utilidad pública”, entre los que se encuentra la práctica deportiva regulada de ciertos deportes (fútbol sí, karate a muerte, no), la mutilación voluntaria en caso de operaciones de cambio de sexo, y poco más.
En España, como en otros países, haber aceptado libremente participar en una actividad violenta y potencialmente lesiva es un mero atenuante a la hora de juzgar sus consecuencias, pero nunca es un eximente, así que, a todos los efectos, cualquier práctica BDSM que pudiera ser considerada violenta por sus participantes en ausencia de consentimiento LO ES frente a un tribunal de justicia.
Es indudable que la Policía, ni en España ni en el Reino Unido va a perder ni un solo minuto en perseguir el BDSM, y buena prueba de ello es que los británicos lo siguen practicando con la misma pasión que antes. Lo cierto es que la jurisprudencia sentada por el caso Spanner ha tenido repercusiones, tanto en leyes que censuran el contenido BDSM extremo en publicaciones, en una mayor reticencia por parte de la comunidad leather a relacionarse con la Policía, y a la que se achacan recientes problemas para la detención de un asesino en serie, e incluso se le atribuye la muerte de un aficionado a los juegos de asfixia que decidió dejar de practicarlos con su compañero habitual para evitarle problemas y que murió practicándolos en solitario.
Esto no significa que la práctica del BDSM sea legal, a pesar de estar tolerada entendiendo por ello que esté protegida por la ley con todas las garantías.
La Ley 1/2004 contra la violencia de género vino a agravar la situación de inseguridad jurídica en la práctica del BDSM. Por un lado, la creación de tribunales especiales, y de durísimas medidas cautelares sin que sea preciso demostrar la culpabilidad del acusado, y por otro el que ya no sea indispensable que exista denuncia de la víctima, sino que SE ORDENA a la Fiscalia iniciar un procedimiento penal de oficio en aquellos casos de los que tenga conocimiento, por ejemplo a través de un parte de lesiones remitido por un hospital hacen que la práctica del BDSM diste mucho de ser una actividad jurídicamente segura, por muy consensuada que esté.
La situación legal está totalmente recogida, aunque quizá no demasiado claramente explicada, por el Sr. De Ayala en el Cuadernos BDSM Nº4, quien, en mi opinión, comete una imprudencia achacable a la buena voluntad y un exceso de confianza en la capacidad de comprensión escrita de la gente al rematar su artículo diciendo:
(…)De todas formas y después de todo esto hay que decir que no somos delincuentes, no cometemos delitos, somos únicamente "lo que somos" y lo somos por el consentimiento de ellas, en todos los sentidos, podemos llamarnos sus Amos.(…)
Con la ley en la mano, y a pesar de lo que dice el Sr. de Ayala, no parece haber ninguna garantía de que un tribunal nos vaya a absolver de un delito de lesiones aún en caso de consentimiento previo. Más aún, existe el dato, de nuevo inquietante, de que de acuerdo con el último informe del CGPJ, La Justicia dato a dato año 2009, el porcentaje de sentencias condenatorias en delitos de violencia contra la mujer es del 76,6% en Juzgados Especiales de Violencia de Género frente al 50,2% en los Juzgados de lo Penal, lo que a priori no da demasiadas esperanzas de encontrar comprensión ante prácticas que permiten a jueces y fiscales elevar las estadísticas de condenas, tal y como demanda la sociedad en pleno, limitándose a aplicar la letra estricta de la ley.
Todo esto, siendo ya de por sí preocupante en caso de tener alguna clase de accidente con nuestros compañeros habituales, se convierte en potencialmente aterrador en caso de que la “víctima” pudiera negar la existencia de dicho consentimiento al verse obligada a declarar delante de un juez en un caso de lesiones a instancia de la Fiscalía, cosa nada improbable en el caso de sesiones más o menos clandestinas con mujeres casadas que pudieran ver peligrar su matrimonio en caso de decir la verdad, o de las penosas primeras citas reales entre Dominantes y sumisas ciber de las cuales a veces nos llegan espeluznantes noticias.
Contrastar esto con la realidad no es sencillo, ya que los casos reales no se suelen conocer más allá de la puerta de los juzgados, y las partes suelen evitar que trasciendan los detalles "sadomasoquistas", pero me han llegado historias realmente kafkianas que intentaré confirmar de cara a próximos posts sobre este asunto. También quiero aclarar que este post sólo pretende ser una llamada de atención para todos aquellos que piensen que gozan de una libertad de la que en la práctica carecen. He arrancado la promesa (mediante tortura, por supuesto) a una jurista especializada de que en un breve plazo, por la cuenta que le tiene, elaborará para la Casa de Azrael un informe técnico jurídico riguroso que nos permita a todos situarnos con mayor precisión en este asunto.
No quiero cerrar este asunto sin dejar constancia de lo que debería ser una obviedad, y es que la VIOLENCIA NO CONSENSUADA, no importa entre qué sexos, repugna especialmente a los que vivimos de pleno en la comunidad BDSM, y muchos de nuestros miembros son activos en su denuncia y lucha por su erradicación. En mi opinión, un Estado democrático debería ser capaz de instrumentar medidas para ello sin crear estructuras represivas excepcionales, que son más propias de sistemas totalitarios y que ponen en peligro la libertad de una parte, por muy pequeña que sea, de sus ciudadanos, al tiempo que en la práctica se demuestran totalmente ineficaces en la consecución de los fines para los que fueron creadas.
Hace unos días, en una discusión en un conocido blog en el que yo denunciaba esta situación, que desde mi punto de vista debería ser intolerable para cualquiera con el más mínimo sentido de la libertad individual, alguien me decía: “Pues si tienes tanto miedo de que te metan en la cárcel, te aconsejo el celibato”. A esto estamos llegando.
Serving with Intent: The Art of Being Present in Submission
Hace 4 semanas

Es realmente muy muy curioso, que en Gran Bretaña se juzgara y se penara el castigo consensuado, cuando si no me equivoco mucho aún no tenían penado en ese año el castigo físico en los colegios. No sé determinar cuando fue, pero no hace mucho que legalmente lo convirtieron en un delito; recuerdo que además fue muy debatido en el parlamento y defendido por algunos sectores de la sociedad como un derecho de los padres y educadores y un buen método aleccionador.
ResponderEliminarSigue siendo curioso, se contabilizan más de 200 locales BDSM en Gran Bretaña.
En cuanto a la ilegalidad ocurre, que se mezclan churras con merinas, y que cuando culturalmente una sociedad no comprende una cosa, al igual que les pasó a los gais, no queda más remedio que quienes lo vivimos debamos explicarlo, para dejar cada cosa en su lugar... esta es una lucha de TODXS así que cada vez me reafirmo más en defender esta causa dando la cara que es como se defienden las cosas.
Espero impaciente ese informe jurista.
Un abrazo
Bueno, ahora que lo dices no me he mirado mucho la evolución legal del castigo corporal en los colegios. A pesar de que pasé mis años escolares en el franquismo, fuí a un colegio progre y laico donde el castigo corporal era impensable, la verdad es que me olvido de su existencia. Me lo apunto.
ResponderEliminarMi impresión con respecto a la comparación con los gays es larga de explicar, pero por resumir mucho me parece que en muchos aspectos estamos peor. Las cuestiones legales que cuento aquí, en realidad, son de solución mucho más difícil, porque afectan al uso privado de la violencia.
No se puede dar cobertura legal fácilmente a muchas prácticas BDSM, así que vivimos en una ilegalidad consentida, exactamente igual que las prostitutas, y cuando se legisla nadie se preocupa de si la ley nos va a perjudicar.
Daremos la cara como podamos mientras podamos, pero sabes bien que, a pesar de que algunos prefieran pensar lo contrario, aquí hay más armarios de lo que parece y al final nos acabamos encontrando los mismos.
Un beso.
Pues sí... es muy significativo todo lo que acabo de leer. Por Mi parte voy a intentar hacer llegar al Sr de Ayala este comentario por si desea opinar.
ResponderEliminarSeguiremos intentando superar estas situaciones y vivirlas de frente; debemos intentar no estar mediatizados por la amenaza penal latente y, por lo menos los concienciados, deberíamos estar dispeustos a dar la cara por nuestros conocidos donde haga falta.
Respecto de los armarios... no deseo dejar olvidada la cantidad de personas que se acercan a nosotros desde el único objetivo del morbo de la ocultación.
Para ellos es importante que haya armarios, recovecos en los que sentir que están viviendo una aventura inenarrable y fuera de la realidad como medio y objeto del culto de su imaginación.
Precisamente por conseguir cierto reconocimiento y protección, por poder defender sus prácticas es por lo que se acuñó el SSC, no para establecer un estándar aceptable, sino para poner bajo esa etiqueta una serie de prácticas defendibles EN PÚBLICO.
ResponderEliminarY nos va a tocar hacer lo mismo. Tiempo al tiempo.
Es verdad, Mosca, lo que ocurre es que, como sabes, mucha gente piensa que lo del SSC tiene más validez de la que en realidad tiene, que como vemos es bastante poca. Si a esto unimos que hay prácticas (las cuerdas, por ejemplo) que tienen más riesgos ocultos de lo que un practicante no muy informado podría pensar, con un poco de ayuda de Amo Murphy se puede uno encontrar metido en un buen lío.
ResponderEliminarSaludos.
un pequeño apunte sobre inglés: consensual tiene más un sentido de "voluntariedad" que de "consentimiento", que es un término más jurídico. Por eso qué incluye el consentimiento varía con los países. El Reino Unido tiene un marco legal difernete de la tradición germana y de la francesa/mediterránea. Muy avanzado en determinados temas pero el marco legal es el que es. Construido a través de la tradición y la consuetudinariedad. El marco español, cuyo Código Civil aún tiene cosas del Franquismo por pulir, puede ser a nivel penal bastante más avanzado que otros (claro que depende de qué consideremos avanzado...). SSC es un eslógan, un leit motiv: quienes no respetéis unas normas de juego que nos permitan estar en sociedad, ser sadomasoquistas que podamos presentarnos en público pues "torturamos pero no dañamos" (Wiseman)... seréis expulsados al ostracismo de los malos sadomasoquistas (que, dicho en otro lenguaje, serían: los maltratadores disfrazados de Dominantes, lxs codependientes, lxs torturadorxs, lxs chantajistas, lxs proxenetas...). No parece mala solución, mal paraguas para englobar a personajes tan diversos como quienes estamos en el bdsm... Hay que insistir en educar, compartir los saberes lxs dominantes y lxs sumisxs más expertxs con lxs novatxs, cuidar, tutelar y... vigilar y castigar, no al disidente en prácticas consideradas extremas, sino en prácticas y conductas lesivas, no sádicas, sino que hacen pupa. Gracias por abrir este debate y por el espacio que te he ocupado.
ResponderEliminarHola Dita, gracias a tí por leerme y tomarte el tiempo y el trabajo de aportar cosas, que es lo que más necesitamos en esta Comunidad.
ResponderEliminarCon respecto al idioma, "consensual" tiene exactamente el mismo significado en inglés que en castellano (a diferencia de "sane", pero no entraremos en eso jejeje), y lo que indica exclusivamente es "acuerdo unánime entre las partes". La cuestión aquí es que lo que tiene importancia jurídica en todos lados es el consentimiento, no el consenso.
Lo interesante del caso Spanner es, a a mi juicio, que muestra la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos por encima de que se trate de un sistema jurídico u otro.
En cualquier caso, mi opinión es que necesitamos hacer más Comunidad, hablar más y debatir más pero siempre desde el respeto y la tolerancia hacia los que son diferentes a nosotros mismos. La secular intolerancia hispana no conoce barreras ideológicas, ni de sexos, o en nuestro caso bedesemero, de prácticas o conductas, como tú dices. Yo creo que hay que hacer un esfuerzo importante para encontrar nuestro común denominador, e intentar construir desde ahí.
Mientras no logremos eso me temo que no será posible educar, cuidar y tutelar, por mucha falta que eso haga...pero estoy dispuesto a apostarme contigo lo que quieras a que voluntarios para vigilar y castigar nos saldrán muchos más de los necesarios :)